Chorizo vegano

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Entro en terreno peligroso… ¿o no?
Me siento un poco entre las cuerdas, obligada a responderos a la obvia pregunta antes de dejar simplemente una receta.

¿Por qué imitar productos que hemos rechazado?
Cada cual tiene su propia respuesta. En el mercado podemos encontrar “salchichas”, “hamburguesas”, “chorizos”, “morcillas” y un sinfín de alimentos (así hasta llegar a las gambas -sí, gambas-) que emulan cosas que dejamos atrás. Y es que a mayor variedad de productos, mayor variedad en nuestra dieta y mayor entretenimiento en la cocina y en la mesa. Pero, más allá, algunos también facilitan mucho las comidas. En mi casa -siendo yo la única comehierbas-, por ejemplo, si se preparan hamburguesas, yo saco una de las mías del congelador y tan ricamente ceno sin causar el menor estrago. Este tipo de preparados (en el que también podría incluir el seitán y el tofu) hacen que la convivencia con gente no vegetariana sea bastante más fácil.
Y sí. Muchos, sencillamente, echan de menos ciertos sabores. Yo apenas recuerdo cuatro cosillas y no siento melancolía alguna, pero muchísimos son los que han hecho grandes esfuerzos dejando atrás alimentos que realmente disfrutaban por ser coherentes con sus ideas. Y con la lluvia de críticas, yo sólo puedo decir que a esta gente no les encuentro el pecado.

Igualmente, en este punto me parece interesante aclarar que la mayor parte de los vegetarianos hacemos un uso bastante puntual de este tipo de preparados, puesto que más allá de sus precios (si es que los compramos ya hechos), una vez se rompen los esquemas clásicos respecto a las comidas (aunque esto es independientemente del vegetarianismo ^^), se abre un abanico inmenso de posibilidades y el hecho de “sustituir” (en cuestión de forma/gusto) alimentos se hace absolutamente prescindible.

Total. De vuelta a la receta, os puedo decir que no recuerdo cómo sabe el chorizo ni tenía especial interés en reproducir exactamente su sabor. He buscado en lo pragmático, intentando lograr una textura y forma similar para usarlo de una manera parecida. ¡Ah! Y mi crítica omnívora lo ha apreciado con ganas. Creo que eso dice bastante 🙂

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▶ Ingredientes (para… congelar/repartir por toda la comunidad de vecinos):

– 500 gr de gluten de trigo
– 650 ml de agua
– 10 cucharadas soperas/120 gr de pan rallado
– 1/4 de vaso/50 ml de salsa de soja
– 5 cucharadas/120 gr de arroz blanco hervido
– 4 cucharadas soperas de pimentón*
– 1 cuchara sopera de sal
– 1/4 cucharada sopera/3 gramos de levadura
– especias al gusto (yo puse 3 cucharadas de orégano)

También podéis añadir media cucharada de guindilla y otra media de ajo en polvo, si os animáis. ¡Por ahí dicen que así está genial!

* Soy una auténtica inculta con respecto al pimentón, pero puedo decir que el de la Vera es un condimento magnífico. Yo utilicé la mitad dulce y la otra mitad picante (a pesar de que no lo suelo tolerar demasiado bien ^^’), pero las proporciones están de mano de cada uno. En esta receta, todo picante añadido es al gusto, y en la mayor parte de las recetas se utiliza también guindilla. Como referencia, las cantidades que yo usé dieron como resultado un chorizo “con el puntillo”, pero muy apto para debiluchos como yo…

▶ Preparación:

En un bol grande, mezclamos todos los ingredientes secos: gluten, pan rallado, pimentón, sal, levadura y especias, dejando para el final el arroz y distribuyéndolo bien. Incorporamos después el agua y la salsa de soja (yo aconsejo mezclar los líquidos previamente para que no haya problemas de homogeneidad al añadirlo). Revolvemos hasta formar una masa uniforme de una textura algo chiclosa (exactamente igual que el seitán -al fin y al cabo, es la misma base-).

Preparamos unos 40/50 cm de papel film y sobre él iremos alargando un trozo de masa (podemos mojarnos las manos para que no se nos quede pegado), dejando libre una palma de espacio por cada lado. Cuando esté colocado, lo envolvemos con el film y vamos dándole forma de chorizo. Con un trozo de hilo, atamos primero las puntas, evitando dejar bolsitas de aire, y después vamos marcando con más hilo cada 5 cm aproximadamente (aunque esto es a gusto del consumidor). Cuando ya tengamos nuestras ristras hechas, es importante agujerear con un palillo o tenedor varias veces cada chori a lo largo del papel, con el objetivo de evitar que se nos rompa después (lleva levadura, así que crecerá un poquito).

Ponemos agua a hervir (de la orden de 1,5-2 litros, pero eso se ve en el momento), suficiente para cubrir los chorizos, y los dejamos en la olla 20 minutos. Et c’est tout!

Os recomiendo encarecidamente ver el vídeo de Dimensión Vegana para que quede todo bien clarito después de mis vagas palabras 😉

▶ Conservación:

Si los vamos a consumir próximamente, la nevera será la mejor opción. Sin embargo, la otra alternativa es congelarlos. Para ello, podemos separar los chorizos cortando por cada hilo y retirar el máximo de agua que sea posible (así no se formará -tanto- hielo) pero manteniendo el film. Cuando los queramos descongelar, los dejaremos en agua a remojo durante unas dos horas (luego habrá que escurrir con mimo) o bien los meteremos al micro (¡sin el film!).

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(No nací para ser carnicera y mis chorizos deformes lo demuestran.)

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Pasado por la sartén 🙂

¿Y qué viene después? Pues chori salteado con unos champis y tomate (ideal para la pasta), bocatas, acompañamiento para las lentejas… no sé, ¡lo que surja!
(Qué ganas más tontas de barbacoa…)

¡Besitos!