Escapada a Ámsterdam.

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Confieso que llevo mucho tiempo con ideas de viajes culinarios en mi cabeza. Y si no es viajar con la intención explícita de comer, al menos sí aprovechar para hacerlo. Y cuando digo comer, digo probar tooodo lo que esté en tu mano. Me diréis que no es fantástico para quitar dinero de la cartera y ponerse unos kilitos y una sonrisaza…

El caso es que me he escapado una semanita a Ámsterdam, pudiéndome quedar en casa de la familia de Janie Dane, una amiga que está allí de Erasmus (¡besazos desde aquí!). Y nada más bonito que conocer un lugar desde dentro. Esto me ha permitido disfrutar de algunas cenas de auténtico sabor holandés, visto desde una perspectiva vegetariana (me mimaron muchísimo con las comidas; de verdad, muchísimo).

Por sugerencia de mi amiga, mi primer desayuno fue yogur turco, muesli y miel de castaña, acompañado con un té blanco. Me sentí tan arropada y tan feliz en ese momento… En tierras españolas me encanta empezar el día con yogur de soja, muesli y sirope de ágave, también con té. Pero soy consciente de que esto no es tan común como desearía, así que el llegar allí y versionar mis comidas favoritas con tanta naturalidad fue algo genial.

Yo que ya había estado mirando locales vegetarianos, y me empeñé en localizar “SLA” (Westerstraat 34), uno especializado en ensaladas (de las contundentes). Y es que yo siempre digo que las ensaladas pueden ser la cosa más aburrida del mundo o la más rica del planeta (aunque bueno, la lasaña es la lasaña…). Así que me puse en busca y captura y conseguí llegar después de muchas vueltas tontas. Le pedí a la chica que me atendió que me recomendara (porque cada cosa lleva muchísimos ingredientes y yo estaba demasiado hambrienta como para leérmelo todo) y me sugirió una ensalada de pollo, ante lo que yo sonreí inocente y añadí que era vegetariana. Su sonrisa de vuelta me dijo que también tenían “pollo vegano”, hecho a base de soja. Mi cara de idiota feliz asintió con amor y me preparon una de las ensaladas más ricas que he comido en mi vida. Os lo recomiendo mucho, es algo carillo (sin salirse de lo asequible) pero ofrecen cantidad y calidad, el local me parece perfecto (en lo que a decoración se refiere) y el trato es muy agradable. Eso sí, el pago se hace únicamente con tarjeta de crédito. Yo me pedí esto que veis a continuación, y os diría todo lo que lleva, pero fijo que se me queda algo por el camino…

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En otro momento de turismo por el centro de la ciudad, iba caminando dirección al Maoz (cadena de comida rápida vegetariana) que había visto por allí, cuando me dio por mirar la carta de la hamburguesería Burger Zaken, como guiada por una luz de brillo cáli… No sé, no sé por qué se me pasó por la cabeza, pero leí “Veggie Burger” en la carta y entré sin mayores dudas. Y bueno, no es la mejor hamburguesa que he comido en mi vida, pero quedé satisfecha. Aquí la prueba (me ofrecieron añadirle más ingredientes, pero fue cosa mía dejarla tan desnudina…):

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Pero como decía más arriba, lo bonito es viajar conociendo el lugar desde dentro, y en la casa hicieron cenas geniales. El primer día me recibieron con una especie de albóndigas vegetales con su salsa (el resto de la familia tenían las suyas de carne) y, para acompañar, hutspot, una “ensalada” con patata cocida, zanahoria y cebolla. Después, leyendo por la red me he enterado de que es un plato muy holandés que se suele tomar con carne estofada o albóndigas, como hicimos nosotros ese día. Y curiosamente, como me contó el padre al cenar, todo ello tenía origen en la Guerra de los ochenta años (nos plantamos en 1574) donde los españoles fuimos a meter el dedo (invadiendo Leiden, cerca de Ámsterdam)… Total, que estaba buenísimo.

Y entre pasta con pesto casero (ñami ñami ñami) y con salsa de queso (también rebuena), este platazo de “pollo” (otra vez pollo adaptado, estaba que no daba crédito jajajaja) con patata y huevo cocido, judías y pan de pita. Lo mejor de todo era que ellos tenían pollo (del de verdad) cocinado de la misma manera, y a mí sencillamente me habían modificado la carne, ¡me hizo muchísima ilusión! Tenía un sabor muy particular, realmente fuerte y especiado, a parte de bastante picante (lo rojo era chile, no digo más…). Pero como el plato del primer día, tenía un toque que después pude ir distinguiendo al pasar delante de las casas a eso de las seis de la tarde (hora de la cena). No sé decir exactamente a qué huele y sabe, pero me quedo con esa sensación como la base de los platos holandeses.

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Y así podría contaros lo mucho y bien que comí todos los días, lo accesible que se vuelve ser vegetariano en aquellas tierras y cuantísimo quise llevármelo todo para España. Como curiosidad, uno de los días mi amiga y yo decidimos coger algo para llevar en el supermercado Albert Heijn (están por todas partes). Me sorprendió la cantidad de productos para llevar que hay (todo tipo de ensaladas -incluida una con trocitos de soja, emulando al pollo una vez más-, bocadillos, sándwiches, piezas de sushi y makisushi, rolls…) y yo finalmente me decidí por una ensalada de quinoa. Esto me recordó a París con su cous-cous por todas partes, dejando ver qué es lo que reclaman las culturas que allí conviven… Sólo que en Ámsterdam es a lo grande, pues la variedad de gente llama realmente la atención. Total, que me cogí aquella maravilla (llevaba un montón de ingredientes y no pude hacer foto, así que no me acuerdo qué llevaba exactamente) y compartí con mi amiga unas mini zanahorias “dippeadas” con hummus. En un super normalillo tenían verdura cruda troceada (pepino, pimiento rojo, zanahorias…) para llevártela con su hummus, señores… Yo seguía y sigo alucinando.

Aquí dejo algunas imágenes de otras cosillas que tuve el placer de probar:

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 (bollito con sésamo y pasas, dos tartas y limonada con frambuesa… + un dulce de tahini con pistachos que fue auténtica gloria, varios zumos buenísimos sin fotografiar…)

TIENDAS

Y para acabar, tengo que nombraros dos de los sitios en los que entré y puedo destacar con una gran sonrisa.

El primero de ellos, EkoPlaza (Elendsgracht 118) es un supermercado donde tienen de todo. Aunque está claro que su especialidad es la alimentación ecológica, también vi bastante de otros productos como los de limpieza e higiene. Los precios, evidentemente, son algo más elevados que los no “bio” (por comparación con otros súpers en los que me colé), y allá cada uno con su opinión al respecto, pero yo os puedo decir que quedé muy contenta con lo que vi. Fruta y verdura fresca, muchísima variedad de todo y un trato genial.

El segundo, Delicious Food, está a dos pasos del SLA, en la misma calle (Westerstraat 24 1015 MJ Amsterdam), y al marcharme no pude contener darle mi opinión al cajero porque los ojos me hicieron chiribitas desde que entré. Es un templo de la alimentación. Tenían de todo. Y cuando digo de todo, me refiero a que he visto pulpa de baobab en polvo (he leído por ahí que te aporta un millón de maravillas, y que se utiliza disolviéndolo en zumos, batidos, yogures…). Después de eso, quise quedarme a ver qué más cosas extrañas encontraba, y vi algunos productos de una marca eco de España (cuyo nombre no consigo recordar). Pero sin duda lo que más me enamoraron fueron los dispensadores de todo tipo de arroces (desde salvaje hasta basmati con anacardos y semillas de calabaza…), legumbres y mueslis. DE TODO. Ahí fue donde me compré la limonada, pero de verdad que me hubiera llevado la tienda entera. Si estáis en Ámsterdam, tenéis que pasaros.

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(Con esto me callo y pongo fin a mis historias culinarias por las tierras de los molinos y canales.)

Y bueno, he de reconocer que lo primero que comí de vuelta a la península fue un bocata de tortilla de patata, sí, pero… amigos, allí era una vegetariana feliz. ¡Volveré, Ámsterdam!

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