Seitán (V)

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Entiendo el seitán como una declaración básica de la cocina vegetariana y vegana. Aunque su uso no sea diario, es cierto que es un alimento bastante fácil de incluir en los platos, utilizándose de forma similar a la carne (va fenomenal a la plancha, rebozado, empanado, estofado, se puede usar como base para hamburguesas y preparados…), que además proporciona una cantidad destacable de proteínas (aunque estas no son de gran calidad, por lo que es buena idea completarlas con otros alimentos).

Aunque las grandes superficies están incluyendo el seitán en sus frigos y estanterías, sigue siendo un producto a encontrar, principalmente, en lugares especializados y herboristerías… siempre a unos precios de locura (una porción de 300gr suele rondar los 4 euros, si no son más). Así que cuando lo preparas en casa y su producto base no pasa de los 2-3 euros (obteniendo el quíntuple de cantidad)… te conquista. Además, yo me quedo con el sabor del seitán casero por encima de cualquier industrial sin la menor de las dudas.

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▶ Ingredientes (para 5/6 bolas de seitán perfectamente congelables 😉 ):
– 500 gr de gluten de trigo
– 80 gr de pan rallado (algo más de medio vaso)
– 150 ml de salsa de soja
– 3 pastillas de caldo vegetal
– 4 dientes de ajo
– Especias al gusto: orégano, pimienta, albahaca, perejil, tomillo, eneldo, comino…
– Alga kombu (opcional)
– Ajo en polvo (opcional)
– Jengibre rallado o en polvo (opcional)

▶ Preparación:
Ponemos a calentar 750 ml de agua (dos vasos y medio) y 100 ml de salsa de soja (medio vaso), disolviendo con ello una pastilla de caldo vegetal. Nuestro objetivo no será conseguir la ebullición, sólo una temperatura media.

En un bol grande mezclamos el gluten, el pan rallado y las especias (no podría daros una cantidad exacta, pero yo diría que añado unas tres cucharadas grandes de orégano, una de albahaca, otra de tomillo, media de pimienta y de comino… pero es verdaderamente aproximado y depende exclusivamente del gusto personal). También será el momento del ajo en polvo.

Añadimos los líquidos ya calientes a nuestra mezcla para comenzar el amasado: ojo, en el momento en el que entran en contacto se empieza a formar una textura bastante elástica y “chiclosa”, ciertamente un poquito difícil de homogeneizar. Cuando tengamos toda la masa preparada, la dividimos en unas 5 o 6 partes y les damos forma de bolas.

Empezamos a calentar 3-4 litros de agua en una olla grande con unos 50 ml de salsa de soja, las otras dos pastillas de caldo vegetal, los dientes de ajo (divididos individualmente en dos o tres pedazos), el alga (un trozo pequeño) y el jengibre (una o dos cucharadas). Metemos nuestras bolas de seitán, subimos el fuego y dejamos que hierva (preferentemente tapado para que no se evapore el líquido) durante 25-30 minutos aproximadamente. He de decir que yo antes lo dejaba bastante más (40-45 min), pero las últimas pruebas me han dejado claro que he de reducir tiempo de cocción. De todas formas, vistas las discusiones que encuentro sobre cuánto dejarlo, creo que sólo en el ensayo y error dará cada uno con la clave. Sacamos, escurrimos… ¡y ya está! 🙂

¿Filetes a la plancha para acompañar con una buena guarnición? ¿Parte de un estofado con patatas y verduras? ¿Relleno de bocadillo? De verdad que las posibilidades no se acaban. ¡Espero se disfrute!

¡Besitos!

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Lasaña de Ali (berenjena, champiñones y cebolla)

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¡Hey, niños!
Esto que veis aquí es una lasaña redonda y cocinada sin horno (la bonita foto de arriba es de Ali, por cierto 🙂 ). Pero nada de prejuzgar: se hizo con tanto amor, que nadie puso pegas.

Este finde pasado nos fuimos cinco amigos a esquiar (en mi caso, a intentar aprender) a Alto Campoo, donde una amiga tiene una casa. Nos dedicamos principalmente a cocinar y a comer (con las respectivas paradas para pelis malas, canturreos y alguna que otra foto), y muy evidentemente teníamos que preparar esta receta de nuestra querida anfitriona. También aprendimos que se pueden hacer empanadas entre el micro y la sartén, y que las hamburguesas de azuki con avena son de las más ricas del mundo (alguien me tiene que pasar su receta… 😉 ). Digamos que el friki-vegetarianeo fue bastante productivo para nuestros estómagos.

Con esta lasaña no hay excusa. Los ingredientes no pueden ser más fáciles de encontrar, no hay dificultad alguna en su preparación (a no ser que, como yo, necesites una manita con la bechamel), y los omnívoros también son fans…

{Aprovecho para lanzar brazotes fuertes al par de bichos que me dan la brasa para que suba cosas por aquí, que tanto me hacen sonreír y tanto me enseñan cada día *aunque yo esté siempre en mi mundillo…*.}

▶ Ingredientes (para 4 personas):
– 450 gr* de cebolla (2 unidades medianas)
– 300 gr de champiñones enteros
– 300 gr* de berenjena (1 unidad hermosa)
– 50 gr de mantequilla (unas 3 cucharadas)
– 30 gr de harina (unas 3 cucharadas a ras)
– 750 ml de leche (3 vasos)
– 150 gr de placas precocinadas (medio paquete)
– 200 gr (aprox) de tomate frito
– 150 gr (aprox) de queso rallado
– Pimienta negra molida
– Pimienta blanca molida
– Comino
– Nuez moscada
– Sal
– Aceite de oliva (AOVE)

*Sin pelar
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Preparación:
Empezamos cortando las cebollas en juliana y pelando la berenjena, cortándola en trozos de unos dos o tres centímetros. Con aceite en la sartén, echamos nuestras hortalizas y empezamos a cocinar a fuego medio-alto.
Después de unos veinte minutos sofriendo, lavamos y laminamos los champiñones y los añadimos a la mezcla, dejándolo hasta que esté todo bien cocinado. Salpimentaremos y haremos uso del comino al gusto.
Por otro lado, preparamos la bechamel. Derretimos la mantequilla en una sartén a fuego medio y agregamos la harina, rehogando bien. A continuación, vamos añadiendo la leche poco a poco y sin dejar de remover, procurando que se ligue como debe. Añadimos un poquito de sal y nuez moscada. Si nos quedan grumos, podemos pasarla por un colador de malla fina.
Mientras ponemos el horno a precalentar a 180ºC, empezamos a hervir nuestras placas de pasta (lo mejor será seguir las instrucciones de la propia marca, pero será algo tal que 10-15 minutos).
Para montar la lasaña, primero ponemos una capa fina de bechamel en el fondo de la fuente, colocando después entre las placas nuestro sofrito con el tomate. Finalmente, tapamos con la bechamel y el queso, y gratinamos en el horno durante unos 20 minutos.

¡Y a la mesa!
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(1)Truquillo de la mamá de Ali: colocar sobre el queso, en la última capa de la lasaña, algunos pequeños trozos de mantequilla 🙂
(2)Truquillo de la que os escribe: añadir, sobre el queso, un poquito de pan rallado: le dará un toque crujiente tras su paso por el horno 🙂

¡Besitos verdes!

Salpicón (V)

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¡Navidad!
Publico tarde… recién pasados estos días de caos entre comidas familiares y platos a rebosar. Y con esto, ha tocado cocinar con un toque especial, con un poquito más de mimo (lo que no quita prisa) y más alegría.

Este año, para Nochebuena, me apeteció hacer una versión de dos recetas que iban a estar presentes en el resto de la mesa: salpicón de marisco y redondo de ternera. El redondo lo hice con filetes de seitán, una salsa de champiñones (en base de nata de soja) y guisantes, y el salpicón os lo cuento ahora, porque no tiene ningún misterio 🙂 Llevaba meses y meses queriéndolo hacer (y por alguna razón necesito añadir en algún momento y de alguna manera la coliflor en esta receta, así como necesidad vital), y tras mirar varias recetas que no me convencían por internet, he decidido hacer algo a mi bola, bien sencillito y rico.

Como considero que todos los ingredientes van al gusto (yo no los medí), os dejo las cantidades de vuestra mano. Como guía diré que yo puse la misma cantidad aproximada de todos los ingredientes, con excepción de la manzana (idea de Papá, por cierto), que sería aproximadamente la mitad que de cada elemento por separado. Del espagueti de mar usé muy poquito también (una tira de unos diez centímetros).

Ingredientes:
– pimiento rojo
– pimiento verde
– pimiento amarillo
– cebolla
– tofu ahumado*
– manzana (en menor cantidad que el resto de ingredientes)
– espagueti de mar *opcional
– aceite, vinagre (normal o de manzana) y sal

*siempre lo compro de la marca Soria Natural y me gusta bastante, pero creo que cualquier otra será igual de buena 🙂

Preparación:
Si utilizamos espagueti de mar, lo dejamos a remojo durante 20 minutos. Entretanto, cortamos los ingredientes en dados de algo menos de un centímetro para después añadir nuestro alga en brunoise (cortadita en 1-2 mm).
Para el aliño, no querremos cubrir por completo el salpicón, pero sí bañar bien todos los elementos. La referencia es usar la mitad de vinagre que de aceite. Así, yo los puse en un vaso para calcular bien y luego poder ir agregando controlando la cantidad. ¡Ah! Y salamos al gusto.

Esta receta, como la original, os aconsejo dejarla unas horas en el frigorífico antes de su consumo, donde durará unos pocos días, además.

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¡Por cierto! Todos los años CreatiVegan se marca unos recetarios de Navidad impresionantes, y en este recién pasado 2014, desde mi punto de vista, se han superado. Aunque ya hayamos dejado atrás las festividades, deberíais echarle un vistazo. Además, la mayoría de las recetas no son nada complicadas ni llevan demasiado tiempo, y seguro que las podéis añadir a vuestro día a día con una sonrisaza. Aquí os lo dejo:
Recetas festivas – Virginia García, CreatiVegan

Y con esto…
¡FELIZ 2015 A TODOS!
Desde aquí, un abrazote fuerte a todos los no-vegetarianos que tienen la mente abierta a probar cosas nuevas (cada día más) y otro a todos los que están empezando este nuevo año con un pie (o los dos) en este mundillo verde. No sé en vuestros alrededores, pero en el mío, en el 2014 muchas personas de mi entorno han decidido replantearse su dieta según su ética… y creedme, yo no podría ser más feliz.

¡Besitos!

Pimientos rellenos de bulgur

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“¿Bulgur? Si yo de eso no gasto”…
Quizás falte una entrada de Alimentos dedicada a este cereal elaborado a partir del trigo, pero entre tanto y no, os adelanto que es una opción más a tener en las despensas, afincada entre el arroz, el couscous y la quinoa (por decir)…
Pero como las recetas están para darles la vuelta, si no apetece o no se puede conseguir (el bulgur se vende principalmente en herboristerías), esta receta es bien fácil de hacer con arroz, y ni que decir tiene que se pueden cambiar y añadir un millón de verduras.

▶ Ingredientes:
– 3 pimientos pequeños (aproximadamente 100 gr cada uno)
– 70 gr de bulgur
– 50 gr de champiñones (un par de ellos o tres)
– 100 gr de cebolla (media pieza, más o menos)
– especias al gusto: pimienta negra, comino

▶ Preparación:
Antes de nada, ponemos el horno a precalentar a 180 Cº.
Empezamos preparando el bulgur. Os recomiendo seguir las instrucciones del paquete, que serán cocer una parte de bulgur en dos y media de agua (podríamos añadir una pastilla de caldo de verduras -o caldo directamente, si tenemos preparado-) durante unos 7 minutos (a fuego bajo) y dejar reposar otros 5.
Cortamos la cebolla en brunoise (en cuadraditos de 1-2 mm de lado) y la empezamos a pochar. De la misma manera cortamos los champiñones y los agregamos a la sartén. Salpimentamos y añadimos comino al gusto.
Abrimos los pimientos de manera que nos quede una “tapa” para cerrarlos después, y los vaciamos con mimo. Mezclamos el bulgur con la cebolla y los champis, rellenamos con ello nuestros pimientos, los cerramos y los envolvemos o cubrimos bien con papel de aluminio.
Después de 45 minutos en el horno (con su correspondiente olor a pimiento invadiendo la cocina), ¡ya tenemos la receta terminada!

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¡Feliz otoño!
¡Besitos!

Chorizo vegano

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Entro en terreno peligroso… ¿o no?
Me siento un poco entre las cuerdas, obligada a responderos a la obvia pregunta antes de dejar simplemente una receta.

¿Por qué imitar productos que hemos rechazado?
Cada cual tiene su propia respuesta. En el mercado podemos encontrar “salchichas”, “hamburguesas”, “chorizos”, “morcillas” y un sinfín de alimentos (así hasta llegar a las gambas -sí, gambas-) que emulan cosas que dejamos atrás. Y es que a mayor variedad de productos, mayor variedad en nuestra dieta y mayor entretenimiento en la cocina y en la mesa. Pero, más allá, algunos también facilitan mucho las comidas. En mi casa -siendo yo la única comehierbas-, por ejemplo, si se preparan hamburguesas, yo saco una de las mías del congelador y tan ricamente ceno sin causar el menor estrago. Este tipo de preparados (en el que también podría incluir el seitán y el tofu) hacen que la convivencia con gente no vegetariana sea bastante más fácil.
Y sí. Muchos, sencillamente, echan de menos ciertos sabores. Yo apenas recuerdo cuatro cosillas y no siento melancolía alguna, pero muchísimos son los que han hecho grandes esfuerzos dejando atrás alimentos que realmente disfrutaban por ser coherentes con sus ideas. Y con la lluvia de críticas, yo sólo puedo decir que a esta gente no les encuentro el pecado.

Igualmente, en este punto me parece interesante aclarar que la mayor parte de los vegetarianos hacemos un uso bastante puntual de este tipo de preparados, puesto que más allá de sus precios (si es que los compramos ya hechos), una vez se rompen los esquemas clásicos respecto a las comidas (aunque esto es independientemente del vegetarianismo ^^), se abre un abanico inmenso de posibilidades y el hecho de “sustituir” (en cuestión de forma/gusto) alimentos se hace absolutamente prescindible.

Total. De vuelta a la receta, os puedo decir que no recuerdo cómo sabe el chorizo ni tenía especial interés en reproducir exactamente su sabor. He buscado en lo pragmático, intentando lograr una textura y forma similar para usarlo de una manera parecida. ¡Ah! Y mi crítica omnívora lo ha apreciado con ganas. Creo que eso dice bastante 🙂

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▶ Ingredientes (para… congelar/repartir por toda la comunidad de vecinos):

– 500 gr de gluten de trigo
– 650 ml de agua
– 10 cucharadas soperas/120 gr de pan rallado
– 1/4 de vaso/50 ml de salsa de soja
– 5 cucharadas/120 gr de arroz blanco hervido
– 4 cucharadas soperas de pimentón*
– 1 cuchara sopera de sal
– 1/4 cucharada sopera/3 gramos de levadura
– especias al gusto (yo puse 3 cucharadas de orégano)

También podéis añadir media cucharada de guindilla y otra media de ajo en polvo, si os animáis. ¡Por ahí dicen que así está genial!

* Soy una auténtica inculta con respecto al pimentón, pero puedo decir que el de la Vera es un condimento magnífico. Yo utilicé la mitad dulce y la otra mitad picante (a pesar de que no lo suelo tolerar demasiado bien ^^’), pero las proporciones están de mano de cada uno. En esta receta, todo picante añadido es al gusto, y en la mayor parte de las recetas se utiliza también guindilla. Como referencia, las cantidades que yo usé dieron como resultado un chorizo “con el puntillo”, pero muy apto para debiluchos como yo…

▶ Preparación:

En un bol grande, mezclamos todos los ingredientes secos: gluten, pan rallado, pimentón, sal, levadura y especias, dejando para el final el arroz y distribuyéndolo bien. Incorporamos después el agua y la salsa de soja (yo aconsejo mezclar los líquidos previamente para que no haya problemas de homogeneidad al añadirlo). Revolvemos hasta formar una masa uniforme de una textura algo chiclosa (exactamente igual que el seitán -al fin y al cabo, es la misma base-).

Preparamos unos 40/50 cm de papel film y sobre él iremos alargando un trozo de masa (podemos mojarnos las manos para que no se nos quede pegado), dejando libre una palma de espacio por cada lado. Cuando esté colocado, lo envolvemos con el film y vamos dándole forma de chorizo. Con un trozo de hilo, atamos primero las puntas, evitando dejar bolsitas de aire, y después vamos marcando con más hilo cada 5 cm aproximadamente (aunque esto es a gusto del consumidor). Cuando ya tengamos nuestras ristras hechas, es importante agujerear con un palillo o tenedor varias veces cada chori a lo largo del papel, con el objetivo de evitar que se nos rompa después (lleva levadura, así que crecerá un poquito).

Ponemos agua a hervir (de la orden de 1,5-2 litros, pero eso se ve en el momento), suficiente para cubrir los chorizos, y los dejamos en la olla 20 minutos. Et c’est tout!

Os recomiendo encarecidamente ver el vídeo de Dimensión Vegana para que quede todo bien clarito después de mis vagas palabras 😉

▶ Conservación:

Si los vamos a consumir próximamente, la nevera será la mejor opción. Sin embargo, la otra alternativa es congelarlos. Para ello, podemos separar los chorizos cortando por cada hilo y retirar el máximo de agua que sea posible (así no se formará -tanto- hielo) pero manteniendo el film. Cuando los queramos descongelar, los dejaremos en agua a remojo durante unas dos horas (luego habrá que escurrir con mimo) o bien los meteremos al micro (¡sin el film!).

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(No nací para ser carnicera y mis chorizos deformes lo demuestran.)

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Pasado por la sartén 🙂

¿Y qué viene después? Pues chori salteado con unos champis y tomate (ideal para la pasta), bocatas, acompañamiento para las lentejas… no sé, ¡lo que surja!
(Qué ganas más tontas de barbacoa…)

¡Besitos!

Ensalada de lombarda (V)

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¡Verano! ¡Calor! El cuerpo pide ya algo fresquito. ¿Y qué mejor que una ensalada (más allá de la aburrida lechuga con tomate)?

Como las ensaladas (y tantos platos en la cocina) son generalmente muy flexibles, me ahorro las cantidades, dejándolas a vuestro gusto 🙂

▶ Ingredientes:

– Col lombarda
– Tomate
– Maíz dulce en grano
– Anacardos
– Hummus (¿un par de cucharadas grandes/persona?) (1) 
– Sésamo crudo
– Aliño (aceite de oliva y vinagre de Módena)

▶ Preparación:

Cortamos la col y el tomate y lo mezclamos el resto de ingredientes. (Veréis que en esta ocasión añadí también un poquito de puerro y calabaza que pasaron rápidamente por la sartén, pero realmente no forma parte de la idea de ensalada.) Para los aliños “clásicos” siempre suelo utilizar vinagre de Módena, que me chifla, pero como todo y como siempre, podéis hacerlo como más os guste.

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(1) El hummus es una pasta a base de garbanzos y tahini (sésamo tostado) muy usada en todo Oriente Medio. Como quiero dedicar una entrada completa a esta maravilla, no os contaré mucho más, sólo deciros que deberíais probarlo si no lo habéis hecho ya 😀

Yo en esta receta usé hummus comprado (yo lo cojo en Mercadona y no está nada mal), pero lo ideal es el hecho en casa, cómo no 🙂 Ya os dejaré recetilla.

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¡Besines!

Pan de soda irlandés.

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Nunca había hecho pan hasta el San Patricio (17 de marzo) de este año, cuando vi esta receta en uno de los blogs que sigo y que os recomiendo, “Tengo un horno y sé cómo usarlo” (no es vegetariano, pero Señor, qué maravilla). Ultra rápida. Mega fácil. Sin dejar fermentar. Haces la masa, al horno y a comer. Mi problema con respecto a cocinar pan siempre ha sido el tiempo de fermentación (fijaos qué trauma); una cuestión de vagancia y de no poder ver el resultado en el mismo momento. Una tontería, vaya.

Aunque no he vuelto a hacer pan desde entonces, espero ponerme al lío sin tardar y ya con menos miedo (que tengo amigos aficionados a la panadería y ganas de pedir las recetas de las que fardan…). No he probado el pan de soda original, así que no puedo comparar, pero sí diré que estaba muy bueno. No es tan ligero como el pan al que estamos acostumbrados en la Península para comer diariamente, este es mucho más contundente. Perfecto para empezar el día, perfecto para la prisa, perfecto para cuando, sencillamente, apetezca… Aquí os dejo la receta del blog que os he comentado más arriba:

▶ Ingredientes: 

– 500 gr de harina de fuerza (blanca o 1/2 y 1/2 integral)
– 420 ml de buttermilk (podemos hacerlo con 400 ml de leche y el zumo de medio limón o bien con 20 ml de vinagre blanco. Mezclar y dejar reposar durante 15 minutos) (1)
– Una cucharadita de bicarbonato sódico
– Una cucharadita de sal

▶ Preparación:

Precalentamos el horno a 200º. Mezclamos la harina con la sal y el bicarbonato, y añadimos el buttermilk hasta formar una masa pegajosa. Enharinamos la mesa o la zona donde vayamos a trabajar el pan, y doblamos un par de veces la masa, dándole forma de hogaza. Hacemos una cruz en la parte superior con un cuchillo y espolvoreamos con más harina. Horneamos durante 30-35 minutos (hasta que esté dorado) y dejamos enfriar.

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(1) El buttermilk era, antiguamente, el suero de mantequilla obtenido al batir la nata (a partir de la parte grasa se hacía la mantequilla y el sobrante resultante era este suero). Sin embargo, actualmente se le añade un tipo de bacterias a la leche y se deja fermentar, volviéndola ácida. En algunos países -Países Bajos, Alemania, Dinamarca o India- se usa directamente como refresco (quién dijo miedo) y también forma parte de la elaboración de panes, sopas y salsas cremosas.

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A mí me encantó desayunarlo con un poco de aceite de oliva, tomate natural y una pizca de albahaca seca 🙂 De verdad, es un ratito nada más y merece muchísimo la pena (tengáis o no paciencia).

¡Besito!